Antes de la palabra

En la noche más larga
todo se detiene.

Como el colibrí
me suspendo
en el espacio liminal:
entre esto y lo siguiente,
entre lo que muere
y lo que está por nacer.

Acunada en el vacío, descanso.
Me disuelvo.
Vuelvo a ser
origen,
chispa,
latencia.

Solo ahí,
en la noche sin luna,
sin reflejos,
mi propia luz se revela.
En el silencio fértil de la tierra,
percibo el pulso de la Vida,
el titilar del hilo dorado
que entreteje
lo que fue,
lo que es,
lo que ha de ser.
Cordón umbilical,
sostén y nutrición
en el vientre
de la primera Madre.

El viaje de la semilla:
útero,
corazón,
garganta.

El pulso,
aún sin forma,
es un soplido,
vibración,
canto ancestral,
un susurro entreabierto
al corazón de la Tierra.

Todo lo que pulsa
está destinado a nacer.

Todo lo que nace
ha de nombrarse.

Todo lo que se nombra
se ilumina.

Cuando sea tiempo,
brotará
la palabra,
depurada
y verdadera.

Feliz Solsticio 🤍