Hay noches sin luna y sin estrellas.
Noches de cielo azul oscuro, casi negro, donde no se ve nada.
Cierro los ojos, los vuelvo a abrir y no hay diferencia.
Si no hay luz, no hay color, ni dentro ni fuera.
Lo que no veo pulsa, se enrosca en el aire que respiro, y me cuesta inhalar, tragar, dejar que pase.
El corazón me late deprisa porque presiento la densidad de lo invisible, su peso, su tirón, y me asusta.
Arriba, en el cielo, no encuentro ayuda ni consuelo.
A mi alrededor siento el vaivén del oleaje, los remolinos, las olas batiendo sobre mi cuerpo.
Me acurruco, ovillada en mí misma.
A oscuras, en silencio, me abrazo.
Intento respirar, y respiro porque es lo primero, lo esencial, lo que todos hacemos al abrirnos paso a la vida.
Inhalo, exhalo.
Me hundo un poco más en mi propio abrazo.
Inhalo, exhalo.
Con la inhalación, lo siento. Pum, pum.
Exhalo. Inhalo. Pum, pum.
El latido de mi propio corazón, como una baliza en el océano revuelto de mis emociones, en la niebla densa de mis pensamientos.
Pum, pum.
Una vez más, lo esencial.
Al principio fui solo latido, y al final seré solo latido, un último pum-pum, el trampolín que me devolverá al latido universal.
Ahí, en el principio, puedo descansar.
Pum, pum.
Inhalo, exhalo.
Pum, pum.
Y entonces siento el calor.
El calor que soy por dentro, la sangre que corre por mis venas, impulsada por el mecanismo perfecto de mi corazón.
Pum, pum.
Rojo incandescente, un punto de luz en el centro del pecho, que va despertando el calor por todo mi cuerpo.
Pum, pum.
Solo cuando reconozco el calor dentro, soy capaz de reconocerlo fuera.
La pantalla que proyecto es mi propio corazón llamando al corazón del todo, a ese latido universal al que siempre se acompasa.
Y sigo el hilo, el filamento que, invisible, pulsa, como la cuerda afinada que atraviesa de punta a punta el universo.
No sé de dónde viene, solo siento que me atraviesa.
Y más allá de mí, tampoco sé a dónde va.
Solo sé que me conecta con Algo.
Me abro, permito, recibo.
Más allá de mí sigue siendo esa noche sin luna, ese mar revuelto, y yo en el fondo.
En el fondo, ahora, de otra mirada que me enfoca, de un foco que me ilumina, de una luz que me calienta, de un calor que conecta con el calor de mi propio corazón.
Pum, pum.
Descanso en la luz, en el hilo, en el latido, en todo lo esencial, lo que siempre está, porque es.
Yo soy, estoy aquí, ahora.
Inhalo, exhalo.
Pum, pum.